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martes, 8 de noviembre de 2011

Muere a los 84 años el poeta Tomás Segovia

Muere a los 84 años el poeta Tomás Segovia

Nacido en España, el escritor fue un referente del exilio republicano en México

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS | Madrid 08/11/2011

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Tomás Segovia nació en España en mayo de 1927 y hace una horas murió en México. Son dos datos fríos que, sin embargo, resumen bien la trayectoria vital de un poeta marcado por la Guerra Civil, un hecho que lo convirtió en niño del exilio republicano. La palabra vital es importante porque nunca dejó que esa marca fuera la de la derrota. "Pasé un poco de hambre", decía. "Sufrí una pobreza relativa, pero a cambio de eso viajé, conocí países, estudié libremente. No tengo por qué reclamar nada".

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      A pesar de que el cuerpo dejó de acompañarle cuando le detectaron el cáncer que ha terminado con su vida, su cabeza y su ánimo nunca dejaron de funcionar a pleno rendimiento. Cuando en primavera publicó un libro de poemas, Estuario, ya había entregado otro a Pre-Textos, su editorial española de toda la vida. Semanas después publicaba un volumen que recopila dos años de entradas de su blog y el libro de ensayos Digo Yo (Fondo de Cultura Económica), una obra que ahora es imposible no leer como un testamento, que contiene algunas de las más brillantes reflexiones sobre la idea de exilio -una condición, no un tema ni una identidad, decía- y, de paso, recuerda a algunos de sus maestros y amigos: de Juan Ramón Jiménez a Ramón Gaya pasando por Juan Gil-Albert. Ese volumen, además, recoge los discursos que pronunció al recoger algunos de los premios que jalonaron su trayectoria: el Octavio Paz, el Juan Rulfo, el Extremadura a la Creación, el García Lorca...
      Hace unos días, además, recibió en Aguascalientes un homenaje, al lado del argentino Juan Gelman, ambos ganadores del Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval. Esa era una de las razones de una estancia en México que se ha convertido en definitiva, aunque Tomás Segovia no necesitaba ninguna para viajar a un país en el que era un mito. ¿Mexicano? ¿Español? Poeta alemán lo llamó su amigo José Bergamín. Hispano decía él, que, pese a todo, defendió siempre que un escritor es más de su época que de su país. Después de "asomarse", era el verbo que él usaba, a España un año después de la muerte de Franco, Tomás Segovia se instaló en Madrid en 1985 porque echaba de menos el paso de las estaciones. No era raro verlo cada mañana escribiendo en el Café Comercial de la Glorieta de Bilbao. "Necesito ruido para concentrarme", decía. Había nacido en Valencia en mayo de 1927. Por casualidad. Cuando un alto cargo del gobierno valenciano le preguntó, con motivo de un premio, a qué se debía su nacimiento allí, él contesto citando a un actor: "Mi madre, que era sevillana, estaba aquí, y en un momento así, yo quería estar a su lado". Así era el humor de un hombre que pasó como refugiado por París y Casablanca antes de trasladarse con su familia al Distrito Federal en 1940. Allí se vinculó al Colegio de México, en el que más tarde ejerció como profesor. Lo mismo que en las universidades estadounidenses de Princeton y Maryland.
      "Aunque yo me desmarco del gueto del exilio español, como dicen en México: lo que sea, de cada quien. Fue gente que nunca tuvo tiempo de ganar, en nada. Fueron siempre las víctimas", decía. Él, que durante un tiempo fue un estrecho pero díscolo colaborador de Octavio Paz, fue un hombre libre, un enorme traductor de autores como Shakespeare, Nerval o Ungaretti y un ensayista de primer orden sobre cuestiones de poesía y lingüística. Pero fue sobre todo un poeta que pasará a la historia de la literatura por libros como AnagnórisisCantata a solas o los más recientes Salir con vida Siempre todavía.
      Difícil de clasificar, una vez le preguntaron si la literatura del exilio es literatura española. Su respuesta: "Un escritor español del siglo XX es más del siglo XX que español. Tiene más que ver con un checo del mismo siglo que con un compatriota suyo del XV. Las identidades existen, pero de hecho, no de derecho. Invocar como derecho un hecho diferencial es lo más alejado que existe de la democracia. Es lo mismo que invoca un rey respecto a sus antepasados. Al final, la identidad siempre acaba en bombas. Más que las identidades importan las lealtades. Y para ser leal hay que ser libre, único, mientras que lo identitario es lo idéntico".
      Los últimos libros de poemas de Tomás Segovia, escritos de memoria mientras caminaba, son un canto al milagro de estar vivo cada mañana, a la duración del tiempo y al tiempo atmosférico: al sol, la lluvia, el frío. Y al amor. María Luisa, su esposa, ha sido hasta el final una parte cabal de sí mismo. De eso habla una de los últimos textos que publicó. Se titula Lo que tengo: "Siempre me canso de contar / Antes de contemplar el inventario / De todo lo que tengo / Tantos amaneceres y crepúsculos / Y altas noches calladas / Tantos árboles por todo el mundo / Casi todos con pájaros / Tantas delicias para el tacto y para el ojo / Y el oído hasta donde todavía me llega / Para el olfato y el taimado gusto / Y tantas horas para estar despierto / Y otras para soñar dormido / Y tantos días con sus noches / Como el fiel renovarse de las olas / Todo eso tengo y además / La mujer que me tiene".
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      Muere a los 84 años Tomás Segovia
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      El poeta, en su casa de Madrid.- CRISTÓBAL MANUEL

      viernes, 28 de octubre de 2011

      Redes sociales y móviles, en el punto de mira del cibercrimen


      Redes sociales y móviles, en el punto de mira del cibercrimen

      Servicios como Facebook o Twitter y dispositivos como los 'smartphones' o los 'tablets' son muy susceptibles

       19:38   
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      EP / MADRID El nacimiento de nuevos servicios en Internet, de nuevos sistemas y el éxito y la proliferación de ciertos dispositivos ha cambiado el panorama de Internet y de la tecnología. Las redes sociales se han convertido en uno de los pilares de la experiencia online y los móviles son el vehículo para su acceso. Servicios como Facebook o Twitter y dispositivos móviles como 'smartphones' o 'tablets' son ahora elementos imprescindibles para millones de usuarios. Sin embargo, al mismo tiempo, estos servicios y dispositivos son el nuevo centro de actividad para los ciberdelincuentes.

      Cada vez es más frecuente encontrar que un grupo de 'hackers' ha desarrollado una amenaza para Facebook u otras redes sociales. El paradigma de los ciberdelitos ha cambiado con las redes sociales. Según el experto en seguridad Eddy Willems, asesor de la compañía G Data, el motivo principal es que distribuir amenazas en redes sociales "es algo fácil porque cada vez más gente tiene y usa redes sociales".

      Además de ser un servicio masivo, los 'hackers' acuden a las redes sociales principalmente por un motivo, la confianza. "La gente confía en sus amigos. Normalmente la gente ve un link y no se fija en dónde lleva sino en que se lo ha enviado un amigo. La gente no se para a pensar, ve una imagen bonita y hace clic", explica Willems. Los ciberdelincuentes son conscientes de esa confianza y, en cierta medida, de ese sentido de seguridad de los usuarios, que no se preocupan de la seguridad de un contenido porque llega a través de un amigo.

      El resultado es que el malware y las estafas en redes sociales son "10 veces más efectivas que diseñar un buen malware y distribuirlo por correo", comenta el asesor de G Data, que confirma que el tiempo de los virus y fraudes por email ha perdido vigencia.

      Que la efectividad del malware en redes sociales esté basada en la confianza de los usuarios, incita a pensar que son estos los que tendrían que cambiar sus hábitos para evitar el éxito del malware, pero Willems asegura que la culpa es compartida con las propias redes sociales.

      "Es difícil decir si el proveedor es el culpable o no, los dos son culpables. Es un 50 por ciento de responsabilidad. Las redes sociales están aprendiendo rápido y cada día reaccionan más rápido ante los peligros. El usuarios es el que más tiene que aprender. El principal problema es que todo es virtual. Si fuesen cosas que pudiesen ver o tocar como en la vida real estarían más concienciados. La gente toma más riesgos en la vida virtual que en la real", asegura.

      Google +, la más segura

      Las compañías responsables de cada red social trabajan constantemente para que sus sistemas cuenten con las medidas de seguridad adecuadas. En este sentido, los más importante es mantener actualizadas las medidas de seguridad con mucha frecuencia. Eddy Willems considera que "no hay ninguna red social más segura, que el resto", aunque Google+ tiene cierta ventaja "por ser nueva".

      La diferencia de Google+ con el resto es que aunque tiene ya muchos usuarios, se ha confirmado que pasa de 40 millones, "es más nueva y ha habido menos tiempo para trabajar en malware para ella". Además, otros servicios sufren más ataques. "Facebook es más vulnerable porque tiene más ataques por ser atractiva por su número de usuarios", comenta Willems. Pese a ello, es difícil determinar cuál está más protegida, porque tienen necesidades de seguridad distintas.

      Un caso especial es el de Twitter. A la hora de distribuir malware en redes sociales, Eddy Willems destaca que las primeras horas son las más importantes, porque son las que la amenaza circula libremente hasta que los sistemas la detectan. La velocidad a la que se difunde la información en Twitter ayuda a la propagación del malware, así como su sistema para acortar enlaces. Estas características hacen de la red de comunicación un espacio en donde la velocidad, la confianza y el camuflaje de la amenazan forman un cóctel efectivo para las difusión del malware.

      Los objetivos de los 'hackers' cuando acuden a todas estas redes sociales son principalmente dos. "La amenaza principal es el tipo en el que tienes que hacer clic en un link. Normalmente instalan cosas en el sistema para crear botnet, aunque también buscan conseguir datos de tarjetas de crédito u obtener dirección de mail y seguir llegando a más gente. Todos los datos son importantes para los 'hackers' que pueden vender la información en el mercado de datos", confirma Willems.

      Para evitar todos estos problemas, el asesor de seguridad que colabora con G Data asegura que lo primero es "tener un antivirus", y mantener todos los sistemas "actualizados y con los últimos parches". Además, Willems destaca que "los ataques más habituales están relacionados con actuaciones humanas", por lo que es importante que los usuarios aprendan a "no hacer clic en cualquier cosa, ya que un 20 por ciento de los usuarios de redes sociales hace clic en todos los enlaces que encuentra".

      Dispositivos móviles, el nuevo objetivo

      El éxito y la proliferación de los dispositivos móviles también han llamado la atención de los 'hackers', que han aumentado el número de amenazas en este tipo de plataformas. "Actualmente el 99,9 por ciento de los dispositivos móviles está libre de virus, pero es algo que cada vez es más grande y más grande", comenta Eddy Willems. Para los 'hackers' estos dispositivos cada vez son más atractivos se utilizan cada vez con más datos de usuarios. "Los contactos están ahí, y en muchos casos los dispositivos móviles se usan para acceder al banco o almacenar contraseñas".

      Aunque no todos los usuarios se dan cuenta, los dispositivos son "pequeños ordenadores de bolsillo y es por eso que son algo atractivos y que los virus modernos se están centrando en ellos", explica el experto en seguridad.

      Dentro de los dispositivos móviles, en los últimos meses el que más ha sonado como objetivo de 'hacker' ha sido Android. "Hasta ahora, Windows era una plataforma muy interesante para los 'hackers' por su número de usuarios, pero ahora Android es igual de interesante. Android está abierto y es muy difícil de controlar. Además hay muchas versiones y sus actualizaciones, casi siempre, dependen de los fabricantes o del operador", comenta Eddy Willems.

      Se espera que con Ice Cream todos estos problemas se solvente, pero para el experto de G Data son un problema real e importante del SO móvil de Google. "El sistema de actualizaciones no es muy bueno y es un problema de seguridad potencial que puede crecer cada vez más". En este sentido, la filosofía de Apple con iOS parece mejor, ya que la compañía cuenta con una versión del sistema uniforme e igual para todos sus dispositivos.

      Aunque las compañías tienen un peso muy importante a la hora de garantizar la seguridad en los sistemas móviles, los usuarios también tienen que contribuir. "La compañía tiene que encargarse de garantizar unos mínimos de seguridad, pero el usuario es que tiene que tener precauciones", sostiene Eddy Willems.

      Las precauciones de los usuarios se pueden fijar en dos aspectos fundamentales. El primero es aumentar la seguridad de su dispositivo con soluciones de software antivirus específicas, que cada vez son más frecuentes. El segundo aspecto es tener cuidado con los sistemas de permisos. "Por ejemplo, Android es un sistema seguro de base, pero tiene muchos permisos en sus aplicaciones. Si se quiere instalar una app se tiene que dar muchos permisos y la gente no los mira. El 99,9 por ciento directamente dice, vale instalalo, pero eso no es bueno. Hay que mirar las cláusulas y los permisos que se dan con la instalación".

      lunes, 19 de septiembre de 2011

      LAS SEMILLAS DE LA DISCORDIA




      CUENTOS POPULARES
       
      "Las semillas de la discordia"
      (Cuento africano)




      LAS SEMILLAS DE LA DISCORDIA
      Una noche un campesino de África vio que la discordia plantaba semillas en su campo. Se abstuvo de intervenir y la observó. Cuando ella terminó y se fue, él se pasó toda la noche recogiendo, con la ayuda de una linterna, las peligrosas semillas. Se las llevó a su casa sin decir una sola palabra a su familia.
      Al día siguiente, para deshacerse de las semillas, les dio un puñado a las gallinas. Pero apenas las picotearon se pusieron a pelear furiosamente, a muerte, entre ellas. Terminó con sus manos y brazos cubiertos de crueles picotazos. Buscando otra forma, tiró un puñado al río. Pero los peces, anguilas e incluso los hipopótamos empezaron a desplazarse, mientras olas enormes recorrían ese río habitualmente calmo, tan enormes que una parte de la llanura quedó inundada.
      Otro día tuvo la idea de triturar una parte y, sin decirle de qué se trataba, pedirle a su mujer que le preparara una torta. Se puso a comer aquella torta. Pero apenas tragó el primer bocado, la encontró mal cocida, demasiado salada y empezó a reprochárselo a su mujer. Ella, que también acababa de terminar su primer bocado, replicó gritando que si su marido la encontraba mal preparada simplemente significaba que él era un imbécil, cosa que ella siempre había sospechado. Se desató tal ira entre ellos que fue necesaria la intervención de vecinos para separarlos.
      Pasaron unas semanas. Poco a poco recobraron la calma, pero el campesino, que había perdido el sueño y la sonrisa, sólo pensaba en las semillas que le quedaban. Pensó en hacer un viaje a algún país lejano. Sin embargo, como era un buen hombre, se decía que los países lejanos estaban sembrados de suficientes semillas de la discordia. Incluso pensó dirigirse hasta el mar para tirar su saco de semillas, pero temió crear una tempestad sin igual. Las buenas razones le hicieron renunciar a aquella idea.
      Cuando aparecieron los primeros brotes, vio con alegría que tendría una cosecha excepcional. En los campos vecinos se apresuraban a arrancar las malas hierbas. Él no tenía nada que hacer. La cosecha crecía espléndida y sana. Todas las mañanas veía crecer su prosperidad. Se dejó ganar por la ociosidad. Incluso aprovechó para visitar a unos primos que vivían a tres días de camino.
      A su regreso, las lamentaciones de su mujer y sus hijos le dieron la  bienvenida. En pocas horas una bandada de aves había devastado su campo. No quedaba ni un solo brote.
      Los sabios del pueblo encontraron la razón de aquella desgracia. En los otros campos (que no habían sido devastados), dijeron, siempre había habido un hombre trabajando, moviéndose, haciendo ruido con sus herramientas. Por eso los pájaros se habían dirigido al único campo en el que no había nadie. Un campo magnífico, por otra parte.
      El campesino esperó la llegada de la noche, se levantó sin hacer ruido y sacó del escondite el saco con las últimas semillas. Fue hasta su campo y allí echó las semillas, una a una.
      Al volver al pueblo, vio a lo lejos que la discordia plantaba semillas en un pequeño bosque que pertenecía a uno de sus amigos. Un amigo al que quería mucho, y al que se guardó mucho de avisar.